Esta enfermedad puede pasar inadvertida y es más frecuente a partir de los 50 años, aunque puede aparecer a cualquier edad. Infórmate de qué se trata.

La tensión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de los vasos (arterias) al ser bombeada por el corazón. Cuanto más alta es la tensión, más esfuerzo tiene que realizar el corazón para bombear. Esta presión no es constante, varía en los diferentes momentos del día dependiendo de muchos factores: según hagamos reposo o estemos en movimiento, la temperatura (a más frío, mayor presión), comida reciente, ciertos medicamentos, si estamos nerviosos, entre otros factores.

Lo ideal, es que su medición se encuentre dentro de unos límites que se han considerado como normales, ya que fuera de ellos, de una forma continuada se puede producir daño en diferentes órganos.

Las lecturas de la presión arterial generalmente se dan como dos números. El número superior se denomina presión arterial sistólica. El número inferior se llama presión arterial diastólica. Por ejemplo, 120 sobre 80 (escrito como 120/80 mm Hg).

Presión alta o hipertensión

Cuando la tensión sistólica es igual o superior a 140 mm Hg y/o la tensión diastólica es igual o superior a 90 mm Hg, la tensión arterial se considera alta o elevada.

Se sabe que la presión arterial suele no provocar síntomas y por eso se conoce como enemigo silencioso. Sin embargo algunas personas pueden referir sudores, ansiedad, problemas de sueño y enrojecimiento; esta alteración puede causar daños en el sistema cardiovascular y los órganos internos, como los riñones si no se descubre y trata a tiempo.

Lee puede interesar: Beneficios de la medicina integrativa

Presión baja o hipotensión

La presión arterial inferior a  90/60 se considera hipotension y significa que el corazón, el cerebro y otras partes del cuerpo no reciben suficiente sangre.  Algunas personas tienen la presión arterial baja en todo momento, no tienen síntomas y sus lecturas de presión bajas son normales para ellas. En otras, la presión cae por debajo de los valores normales por algún evento o cuadro clínico como por ejemplo una sensación de mareo cuando se ponen rapidamente de pie. La presión arterial baja es un problema sólo cuando causa mareos, desmayos o, en casos extremos, shock.

Leer: Obesidad, un riesgo para tu salud

¿Por qué es peligrosa la hipertensión arterial?

Cuanto más alta es la tensión arterial, mayor es el riesgo de daño al corazón y a los vasos sanguíneos de órganos principales como el cerebro y los riñones. La hipertensión es la causa prevenible más importante de enfermedades cardiovasculares del mundo.

Si no se controla, la hipertensión puede provocar un infarto de miocardio, un ensanchamiento del corazón (cardiomegalia) y, a la larga, una insuficiencia cardiaca. Además, puede ocasionar que la sangre se filtre en el cerebro y provocar un accidente cerebrovascular. La hipertensión también puede provocar deficiencia renal, ceguera y deterioro cognitivo.

Leer: Tratamientos en la estética facial

Causas de la hipertensión arterial

Aproximadamente el 95% de todos los casos constituyen lo que se denomina hipertensión primaria o esencial. Esto significa que se desconoce la verdadera causa de la presión arterial alta, pero existen diversos factores relacionados con la enfermedad. El riesgo de sufrir de hipertensión es mayor si la persona:

  • Tiene antecedentes familiares de hipertensión.
  • Tiene más de 50 años. Los vasos sanguíneos se debilitan con los años y pierden su elasticidad.
  • Se enfrenta a niveles altos de estrés.
  • Sufre de sobrepeso u obesidad.
  • Lleva una alimentación alta en grasas saturadas.
  • Lleva una alimentación alta en sodio (sal).
  • Bebe más de una cantidad moderada de alcohol.
  • Es físicamente inactiva.
  • Es diabética.

Según el Informe Mundial de la Salud 2002, se estima que la hipertensión arterial (HTA) es causa de más del 50% de las enfermedades del corazón, casi el 75% de los accidentes cerebrovasculares. Diagnosticar, tratar y controlar la hipertensión es una prioridad a nivel mundial, así que debes acudir regularmente a controles y evitar los factores detonantes antes mencionadas, especialmente los relacionados con el estrés, la inactividad y los hábitos de alimentación.